Carreteras, trenes, vivienda, agua y energía entrarán en una etapa de mayor ejecución durante el segundo semestre. La presidenta sostiene que la inversión pública y mixta permitirá mantener el crecimiento y convertirlo en empleos, desarrollo regional y bienestar.
La economía mexicana entrará a la segunda mitad de 2026 con uno de sus principales motores de inversión acelerando: la construcción de infraestructura pública.
La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que el avance de carreteras, trenes, proyectos de agua, obras energéticas y vivienda comenzará a reflejarse con mayor fuerza en la actividad económica durante los próximos meses.
“En el segundo semestre del año nos irá mejor en materia económica”, señaló la mandataria al explicar que una parte importante de las obras contratadas comenzó a entrar en fases de construcción y ejecución.
El planteamiento llega después de que la economía mexicana registró un crecimiento de 1.5% durante el segundo trimestre respecto de los tres meses anteriores, de acuerdo con la estimación oportuna del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Frente al mismo periodo de 2025, el avance fue de 2.1%.
Para el Gobierno federal, la siguiente etapa consistirá en complementar ese crecimiento con una mayor inversión física capaz de movilizar industrias, proveedores, empleo y consumo.
Carreteras, trenes, energía y agua entran en una nueva etapa
Sheinbaum explicó que distintos proyectos contratados previamente están avanzando y comenzarán a demandar mayores cantidades de materiales, maquinaria, servicios y mano de obra.
La inversión incluye principalmente infraestructura carretera, ferroviaria, hidráulica y energética. A ello se suma la construcción de vivienda y proyectos desarrollados mediante esquemas mixtos entre el Estado y el sector privado.
El efecto económico de una obra de infraestructura se extiende más allá del proyecto mismo.
La construcción de una carretera, por ejemplo, requiere cemento, acero, maquinaria, transporte, combustible, servicios profesionales y trabajadores. Posteriormente puede reducir tiempos logísticos y facilitar la instalación de nuevas empresas.
Una obra de agua puede mejorar las condiciones para hogares e industrias, mientras que nuevas centrales y redes eléctricas amplían la capacidad necesaria para atraer proyectos productivos.
Ese efecto multiplicador explica por qué el Gobierno federal coloca a la inversión pública como una de las herramientas para acelerar la actividad durante el segundo semestre.
722 mil millones adicionales para infraestructura
El Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar contempla para 2026 alrededor de 722 mil millones de pesos adicionales a lo previamente presupuestado.
La cifra equivale aproximadamente a 2% del Producto Interno Bruto y estará destinada a ocho sectores estratégicos: energía, trenes, carreteras, puertos, salud, agua, educación y aeropuertos.
El programa plantea movilizar 5.6 billones de pesos entre 2026 y 2030 mediante inversión pública y esquemas mixtos.
La estrategia fue diseñada después de analizar más de mil 500 proyectos y contempla mecanismos de planeación, vehículos especializados de inversión y una base nacional de proyectos para priorizar aquellos con mayor impacto económico y social.
El objetivo declarado por Hacienda es que la infraestructura no solo genere actividad durante su construcción, sino que mejore las condiciones productivas de las regiones donde se desarrolla.
La inversión pública busca atraer también capital privado
Sheinbaum ha defendido que la inversión estatal puede funcionar como detonador de nuevas inversiones privadas.
Una empresa encuentra mayores incentivos para instalar una planta cuando cuenta con carreteras, electricidad, agua, puertos, ferrocarriles y conexiones logísticas suficientes.
El modelo del Gobierno plantea por ello que el Estado conserve la rectoría de proyectos considerados estratégicos, mientras el capital privado pueda participar bajo esquemas específicos que aceleren su ejecución.
De acuerdo con la Presidencia, estos mecanismos se diseñaron para que el sector público conserve la propiedad o conducción estratégica de la infraestructura y evitar modelos en los que el Gobierno solamente asuma obligaciones financieras de largo plazo.
La apuesta es combinar recursos públicos y privados sin sustituir completamente la inversión del Estado.
Vivienda para el Bienestar será otro motor
Uno de los sectores que Sheinbaum considera particularmente importante para el segundo semestre es la vivienda.
La presidenta señaló que la construcción asociada con Vivienda para el Bienestar ya está generando actividad y anticipó que su efecto será mayor conforme avancen los proyectos durante los próximos meses.
La Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano estableció para 2026 una meta superior a 400 mil nuevas viviendas dentro del programa.
El objetivo sexenal es alcanzar 1.8 millones de viviendas, además de avanzar en procesos de regularización y escrituración para familias que todavía carecen de certeza jurídica sobre su patrimonio.
La construcción de vivienda tiene una cadena productiva amplia.
Demanda cemento, acero, vidrio, aluminio, madera, instalaciones eléctricas, transporte y servicios profesionales. También genera trabajo para albañiles, electricistas, plomeros, arquitectos, ingenieros y numerosas pequeñas empresas proveedoras.
Por eso, el avance de estos desarrollos puede convertirse en un estímulo para las actividades secundarias durante los próximos trimestres.
El PIB ya dio una señal positiva
El escenario planteado por el Gobierno parte de una economía que mostró una recuperación importante entre abril y junio.
El PIB avanzó 1.5% respecto del primer trimestre y 2.1% frente al mismo periodo de 2025.
Las tres grandes actividades económicas registraron crecimiento trimestral.
El sector primario aumentó 3.3%; las actividades secundarias, que incluyen industria y construcción, avanzaron 1.6%, y los servicios crecieron también 1.5%.
En comparación anual, las actividades primarias crecieron 7.3%; las terciarias, 2.5%, y las secundarias, 0.8%.
Durante todo el primer semestre, la estimación oportuna de Inegi ubica el crecimiento acumulado del PIB en 1.2% respecto del mismo periodo del año pasado.
Estos resultados son todavía oportunos y pueden revisarse cuando el instituto publique el cálculo tradicional, una precisión importante al evaluar la evolución de la economía.
El reto está ahora en fortalecer la industria
Los datos muestran que los servicios y las actividades primarias tuvieron un desempeño especialmente dinámico, mientras la industria todavía presenta un crecimiento más moderado en su comparación anual.
Ahí es donde la obra pública puede tener un papel relevante.
Carreteras, vivienda, trenes, plantas energéticas y proyectos hidráulicos forman parte de las actividades que demandan producción industrial y servicios de construcción.
Si la ejecución aumenta, puede elevar los pedidos para industrias relacionadas con materiales, maquinaria y equipamiento.
La infraestructura también puede generar efectos posteriores al mejorar la conectividad, disminuir costos logísticos y ampliar la capacidad energética y de agua disponible para nuevas inversiones.
Por ello, el Gobierno considera que el segundo semestre puede ofrecer una composición del crecimiento distinta a la observada en la primera mitad del año.
Energía: de 8 mil a 22 mil megawatts
Otro componente de la estrategia está relacionado con la expansión de la capacidad energética.
Sheinbaum señaló que los proyectos mixtos actualmente considerados representan alrededor de 8 mil megawatts y que la meta es avanzar hacia aproximadamente 22 mil megawatts de nueva capacidad renovable.
En estos esquemas, explicó la presidenta, la Comisión Federal de Electricidad conserva una participación de 54%, mientras el sector privado participa con 46%.
Aumentar la generación eléctrica es particularmente relevante para la estrategia industrial.
La instalación de fábricas, centros de datos y nuevos desarrollos requiere disponibilidad de energía suficiente y certeza sobre su suministro.
En consecuencia, la política energética no solamente tiene un componente de infraestructura pública, sino que forma parte de las condiciones que México necesita para captar y mantener inversión productiva.
Infraestructura para conectar regiones
El programa no se limita a las zonas donde ya existe una elevada concentración industrial.
Uno de los objetivos oficiales es utilizar la inversión para impulsar el desarrollo regional mediante carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos, agua y servicios básicos.
La lógica consiste en mejorar la conectividad de estados y municipios para que puedan incorporarse a cadenas productivas que actualmente se concentran en determinadas regiones.
Una carretera puede acercar una comunidad a mercados y centros de distribución; un ferrocarril puede reducir el costo de transportar mercancías; una obra hidráulica puede permitir nuevos desarrollos habitacionales o industriales.
El resultado económico definitivo dependerá de la calidad, ubicación y ejecución de cada proyecto, pero la infraestructura puede modificar de manera duradera las posibilidades productivas de un territorio.
Vivienda también busca atender una necesidad social
El programa habitacional combina el objetivo económico con una política social.
La convocatoria 2026 de Conavi estuvo dirigida a personas sin vivienda propia, sin acceso a un crédito habitacional tradicional y con ingresos menores a 17 mil 800 pesos mensuales. En esa etapa se habilitaron módulos en 119 municipios de 23 entidades.
Esto significa que el gasto en construcción busca producir dos efectos simultáneos: generar actividad económica y ampliar el acceso a vivienda para sectores que normalmente quedan fuera del mercado hipotecario.
La estrategia de Sheinbaum plantea justamente que el crecimiento económico debe traducirse en condiciones materiales de bienestar y no evaluarse únicamente por el aumento del PIB.
Sheinbaum: crecer no es suficiente
Durante su mensaje del 6 de agosto, la presidenta retomó precisamente esa discusión.
Al referirse a un análisis publicado por The Economist, sostuvo que el crecimiento económico por sí solo “no lo es todo” y que también debe existir distribución de la riqueza y justicia social.
La posición coincide con el concepto de “prosperidad compartida” utilizado por su administración.
Bajo esta visión, una obra debe evaluarse no solamente por la inversión ejercida, sino también por los empleos que genera, la conectividad que ofrece, los servicios que mejora y el efecto que tiene sobre las comunidades.
El Gobierno busca así combinar indicadores macroeconómicos con objetivos relacionados con salarios, infraestructura y acceso a derechos.
La ejecución será la verdadera prueba
Los recursos anunciados no se convierten automáticamente en crecimiento.
Para que la obra pública tenga el efecto esperado será necesario que los proyectos avancen físicamente, que los recursos se ejerzan conforme a los calendarios y que las cadenas nacionales puedan responder a la demanda de materiales y servicios.
También será importante evitar sobrecostos, retrasos y proyectos cuya rentabilidad social o productiva resulte limitada.
El Plan de Infraestructura incorpora mecanismos de planeación y seguimiento precisamente para priorizar proyectos y vigilar su ejecución.
La segunda mitad de 2026 permitirá observar cuánto de la inversión anunciada comienza efectivamente a traducirse en construcción, empleo y actividad económica.
La recuperación todavía debe consolidarse
El crecimiento del segundo trimestre es una señal favorable, pero no garantiza automáticamente que todos los trimestres siguientes mantengan la misma velocidad.
La estimación del Inegi muestra que México creció 1.2% durante el primer semestre frente al mismo periodo de 2025.
La apuesta del Gobierno es que la infraestructura permita elevar el ritmo durante la segunda mitad del año.
El efecto dependerá de la construcción, la inversión privada, las exportaciones, el consumo y el entorno comercial internacional.
Sheinbaum sostiene que existen condiciones para obtener un mejor desempeño, especialmente porque diversos proyectos están pasando de las etapas administrativas y contractuales hacia la ejecución física.
Inversión para crecer y transformar
La estrategia económica del segundo semestre comienza a definirse con una prioridad clara: convertir la inversión en infraestructura en un motor para otras actividades.
Vivienda puede activar la construcción y sus proveedores; las carreteras pueden mejorar la logística; los trenes ampliar la movilidad; las obras de agua abrir posibilidades de desarrollo, y la inversión energética proporcionar la capacidad que necesitan nuevas industrias.
El Gobierno prevé además que la inversión pública sirva para atraer capital privado y acelerar proyectos bajo esquemas donde el Estado conserve la rectoría.
Después del avance de 1.5% registrado por el PIB entre abril y junio, la administración de Claudia Sheinbaum llega al segundo semestre con una estrategia orientada a consolidar la recuperación mediante construcción e infraestructura.
La prueba llegará durante los próximos meses, cuando los proyectos contratados tengan que convertirse en kilómetros de carreteras y vías ferroviarias, viviendas terminadas, infraestructura hidráulica y nueva capacidad energética.
Para Sheinbaum, el objetivo final va más allá de registrar un mayor porcentaje de crecimiento: busca que la inversión se traduzca en empleo, conectividad, vivienda, desarrollo regional y mejores condiciones de vida.
Con información de La Jornada, Presidencia de la República, Inegi, Sedatu y Conavi.

