Economía

Mujeres mueven la economía local: 6.5 millones sostienen negocios y generan oportunidades en México

Casi tres de cada diez mexicanas ocupadas trabajan por cuenta propia o emplean a otras personas. Su presencia impulsa el comercio, los servicios, el turismo y las empresas familiares, aunque todavía enfrentan dificultades para acceder a financiamiento y convertir sus proyectos en negocios de mayor tamaño.

Las mujeres se han convertido en una fuerza indispensable para la actividad económica de México, especialmente dentro de los pequeños comercios, los servicios, la gastronomía, el turismo y los negocios familiares.

En mayo de 2026, el país registró aproximadamente 6 millones 538 mil mujeres emprendedoras, de acuerdo con un cálculo elaborado por la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo a partir de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.

La estimación incluye a 5 millones 668 mil trabajadoras por cuenta propia y a cerca de 870 mil empleadoras. En conjunto, representan 26.3 por ciento de las mujeres ocupadas en México.

La cifra muestra que el emprendimiento femenino no es una actividad marginal. Millones de hogares, comunidades y economías locales dependen de los ingresos generados por mujeres que administran una tienda, prestan servicios, venden alimentos, desarrollan productos o dirigen una empresa.

¿Quiénes forman parte de las 6.5 millones de emprendedoras?

La cifra utiliza una definición amplia de emprendimiento.

Por un lado, se encuentran las mujeres que trabajan de manera independiente y no contratan formalmente a otras personas. Dentro de este grupo pueden encontrarse comerciantes, profesionistas, productoras, artesanas, prestadoras de servicios y personas que venden productos mediante establecimientos físicos, redes sociales o plataformas digitales.

Por otro lado, están las empleadoras: mujeres propietarias de negocios que cuentan con al menos una persona contratada.

Esta diferencia es importante porque no todas las 6.5 millones dirigen una pequeña o mediana empresa formal. Una parte considerable desarrolla actividades por cuenta propia, en ocasiones como respuesta a la falta de oportunidades laborales, la necesidad de generar ingresos flexibles o las responsabilidades de cuidados.

Aun con esas diferencias, todas forman parte de una estructura productiva que genera consumo, empleo, circulación de recursos y bienestar dentro de sus comunidades.

Mujeres representan 37 por ciento de las mipymes

La Concanaco Servytur estima que 37 por ciento de las micro, pequeñas y medianas empresas del país son propiedad o están encabezadas por mujeres.

También calcula que 29 por ciento de las empresas familiares mexicanas son dirigidas o administradas por ellas.

Estos negocios tienen una importancia especial porque las mipymes constituyen la mayoría de los establecimientos económicos del país y mantienen una relación directa con el consumo cotidiano.

Papelerías, restaurantes, farmacias, talleres, despachos, hoteles, tiendas, proyectos turísticos y establecimientos de servicios forman parte de una red que sostiene empleos y conserva la actividad económica en colonias, barrios y municipios.

Cuando una empresa encabezada por una mujer crece, su impacto puede extenderse hacia proveedores, trabajadores, clientes y otros negocios ubicados dentro de la misma comunidad.

Casi 25 millones de mujeres tienen una ocupación

La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo reportó que en mayo de 2026 había 60.4 millones de personas ocupadas en México.

De ese total, 24.9 millones eran mujeres y 35.5 millones, hombres. La ocupación femenina aumentó en 268 mil personas respecto del mismo mes de 2025.

Sin embargo, la participación económica continúa mostrando una diferencia considerable.

La tasa de participación de las mujeres fue de 45.8 por ciento, mientras que la correspondiente a los hombres alcanzó 74.2 por ciento. Esto significa que una proporción mucho menor de mexicanas en edad de trabajar cuenta con una ocupación o busca activamente incorporarse al mercado laboral.

La brecha está relacionada con distintos factores, entre ellos la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados, la falta de servicios suficientes, la discriminación laboral y las dificultades para encontrar empleos compatibles con las responsabilidades familiares.

En ese contexto, emprender puede representar una vía para obtener ingresos y autonomía económica, aunque también puede trasladar a las mujeres todos los riesgos y costos de mantener un negocio.

Emprender permite autonomía, pero no siempre estabilidad

Un negocio propio puede ofrecer mayor control sobre los horarios, los ingresos y las decisiones profesionales.

Para muchas mujeres, esta flexibilidad facilita combinar el trabajo remunerado con el cuidado de hijas, hijos, personas mayores o familiares que necesitan asistencia.

Sin embargo, el emprendimiento no garantiza automáticamente estabilidad, seguridad social ni ingresos suficientes.

El Inegi reportó que 55.9 por ciento de las mujeres ocupadas se encontraba en la informalidad durante el tercer trimestre de 2025. Además, 46.7 por ciento recibía hasta un salario mínimo y 5.6 por ciento trabajaba sin recibir ingresos.

La informalidad limita el acceso a servicios médicos, pensiones, créditos empresariales, seguros, programas públicos y mecanismos de protección frente a accidentes o periodos de baja actividad.

Por ello, la importancia numérica de las emprendedoras debe acompañarse de políticas que les permitan formalizarse sin enfrentar trámites excesivos o costos que resulten imposibles para un negocio pequeño.

El acceso al financiamiento continúa siendo una barrera

Las empresarias siguen encontrando obstáculos para conseguir créditos, inversiones y capital suficiente para ampliar sus operaciones.

Muchos negocios comienzan con ahorros personales, préstamos familiares o recursos obtenidos mediante mecanismos informales. Este modelo permite iniciar actividades, pero limita la compra de maquinaria, la contratación de personal, la apertura de sucursales o el desarrollo de nuevos productos.

La Concanaco identifica el financiamiento, la capacitación especializada, la digitalización, las redes de negocios y los espacios de representación entre las principales necesidades de las mujeres empresarias.

El acceso al crédito también puede complicarse cuando las emprendedoras no cuentan con propiedades que puedan utilizar como garantía, historial financiero o documentos que acrediten formalmente los ingresos de sus negocios.

Cerrar esta brecha requiere productos financieros adaptados a las características de las microempresas, acompañamiento para preparar solicitudes y tasas que permitan invertir sin poner en riesgo el patrimonio familiar.

Digitalización abre oportunidades para miles de negocios

Las herramientas digitales permiten que una empresa pequeña encuentre clientes, reciba pagos, gestione inventarios y promocione sus productos sin contar necesariamente con un local comercial.

La Secretaría de Economía estimó anteriormente que 1.2 millones de mexicanas desarrollaban negocios mediante internet y redes sociales. Durante 2023, estas actividades generaron aproximadamente 80 mil 200 millones de pesos y contribuyeron al bienestar económico de 4.9 millones de personas integrantes de sus hogares.

Este modelo ha permitido que muchas mujeres vendan alimentos, ropa, artesanías, productos de belleza, artículos usados y servicios profesionales.

No obstante, digitalizar un negocio implica más que abrir una cuenta en redes sociales.

Las empresarias necesitan conocimientos sobre pagos electrónicos, seguridad digital, administración, publicidad, logística, protección de datos y atención al cliente.

La capacitación puede marcar la diferencia entre una actividad ocasional y una empresa capaz de aumentar sus ventas, organizar sus procesos y llegar a nuevos mercados.

Más de mil 700 empresarias participaron en capacitaciones

Durante 2026, la Concanaco Servytur desarrolló 90 programas de capacitación en los que participaron mil 776 mujeres empresarias.

Los contenidos estuvieron relacionados con liderazgo, innovación, transformación digital, desarrollo empresarial y competitividad.

La organización empresarial también mantiene una Red Nacional de Mujeres Empresarias, cuyo propósito es facilitar la vinculación, la representación y el intercambio de experiencias entre dueñas y directoras de negocios.

Estas redes pueden ayudar a que las participantes encuentren proveedores, conozcan modelos exitosos, reciban asesoría y establezcan alianzas comerciales.

El acompañamiento resulta especialmente importante para quienes administran microempresas y no cuentan con equipos especializados en contabilidad, mercadotecnia, tecnología o asuntos jurídicos.

Reconocen a mujeres que abrieron camino

La Confederación también impulsa el Galardón Rompiendo el Techo de Cristal, dirigido a mujeres con trayectoria empresarial, innovación, liderazgo e impacto social.

El comunicado difundido el 1 de agosto señala que durante 2026 se entregaron 143 reconocimientos y que 371 mujeres han recibido la distinción desde su creación.

Los reconocimientos buscan hacer visible la aportación de empresarias que generan empleo, participan en organismos comerciales y abren espacios para nuevas generaciones.

La representación importa porque permite que niñas y jóvenes identifiquen el emprendimiento, la dirección empresarial y la innovación como posibilidades reales para su futuro.

Sin embargo, la visibilidad necesita estar acompañada de oportunidades concretas para acceder a financiamiento, capacitación y espacios de toma de decisiones.

Empresarias mexicanas buscan nuevas conexiones internacionales

El fortalecimiento de los negocios encabezados por mujeres también incluye la vinculación con otros países.

En 2025, un grupo de 16 empresarias mexicanas participó en una misión empresarial en Kenia, donde desarrolló actividades de liderazgo, capacitación y creación de redes junto con emprendedoras internacionales.

Estos intercambios permiten conocer nuevos modelos de negocio, explorar mercados y establecer relaciones que pueden facilitar futuras exportaciones o alianzas.

La internacionalización no debe permanecer reservada para las grandes compañías. Con asesoría, logística y acompañamiento institucional, pequeñas empresas mexicanas pueden llevar productos artesanales, alimentos, servicios creativos y soluciones digitales a otros países.

Empresas familiares también dependen de su liderazgo

Casi tres de cada diez empresas familiares del país son dirigidas o administradas por mujeres, según la Concanaco.

Su papel resulta especialmente relevante porque estos negocios suelen combinar relaciones personales, patrimonio y decisiones empresariales.

Las mujeres participan en la administración financiera, atención de clientes, compras, producción, contratación y continuidad generacional.

En algunos casos, aunque desarrollan funciones esenciales, su trabajo no recibe reconocimiento formal ni aparece dentro de la estructura de propiedad.

Fortalecer su liderazgo también implica reconocer jurídicamente su participación, promover la profesionalización de las empresas familiares y garantizar que puedan intervenir en las decisiones sobre el patrimonio construido con su trabajo.

El reto es ayudarles a crecer

México ya cuenta con millones de emprendedoras. El siguiente desafío consiste en lograr que sus negocios sobrevivan, se formalicen y tengan posibilidades reales de expansión.

Para conseguirlo se necesitan programas de capacitación accesibles, financiamiento, infraestructura digital, servicios de cuidados, seguridad social y procedimientos administrativos más sencillos.

También es indispensable que las políticas públicas distingan entre una trabajadora independiente, una microempresa familiar y una compañía con capacidad para generar decenas de empleos.

Cada grupo enfrenta problemas diferentes y necesita herramientas específicas.

Una mujer que vende productos desde su hogar puede requerir capacitación digital y un esquema sencillo de formalización. Una pequeña empresa puede necesitar crédito para adquirir maquinaria, mientras una compañía más consolidada puede buscar acceso a exportaciones, certificaciones o contratos con grandes compradores.

Fortalecerlas es invertir en el crecimiento de México

Las 6.5 millones de mujeres emprendedoras representan una parte fundamental del mercado laboral y de la economía cotidiana.

Su trabajo sostiene ingresos familiares, genera empleo, mantiene negocios abiertos y crea redes de consumo y producción dentro de miles de comunidades.

La participación femenina también demuestra que la autonomía económica de las mujeres no es únicamente una agenda de igualdad. Es una estrategia de desarrollo.

Aumentar el acceso al crédito, reducir la informalidad y apoyar la digitalización puede permitir que proyectos pequeños se conviertan en empresas estables y generadoras de empleo.

El país no parte de cero. Millones de mujeres ya producen, venden, administran e innovan todos los días.

La oportunidad consiste en construir un entorno donde su crecimiento no dependa solamente del esfuerzo individual, sino de condiciones financieras, institucionales y sociales que les permitan competir en igualdad.

Cuando una mujer fortalece su negocio, el beneficio no termina en sus ingresos. También alcanza a su familia, sus trabajadores, sus proveedores y la comunidad donde desarrolla su actividad.

Con información de News Hidalgo, Concanaco Servytur, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía y la Secretaría de Economía.

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