Cultura y Deporte

Del meme a la tribuna: el Mundial conquista a una nueva generación de aficionadas

Miles de mujeres que antes veían el futbol como un territorio ajeno encontraron durante la Copa del Mundo una nueva forma de vivirlo: sin pedir permiso, sin memorizar estadísticas y sin seguir los códigos tradicionales de la afición.

El Mundial convirtió al futbol en una conversación imposible de ignorar en México. Los partidos alteraron horarios, llenaron plazas públicas y dominaron las redes sociales, pero también provocaron un fenómeno que fue mucho más allá de los resultados de la Selección Mexicana: la llegada de nuevas aficionadas.

Para muchas jóvenes fue el primer torneo que siguieron completo. Algunas comenzaron por la emoción familiar, otras por acompañar a sus amigas o por la curiosidad que despertaron los jugadores, las historias de las selecciones y los contenidos que circularon en TikTok e Instagram.

Lo que inició como una broma sobre entrar en la llamada “era fifas” terminó convirtiéndose en un interés real. Mujeres que semanas antes desconocían las reglas comenzaron a discutir alineaciones, elegir futbolistas favoritos y organizar sus días para ver encuentros entre países con los que aparentemente no tenían relación.

México como sede cambió la experiencia

La condición de México como uno de los países anfitriones facilitó que nuevas audiencias se sintieran parte del torneo. Los horarios accesibles, los eventos públicos y la presencia constante del Mundial en las calles hicieron que la competencia se viviera como una celebración cercana.

Las redes sociales también desempeñaron un papel importante. A diferencia de otros espacios futbolísticos, frecuentemente marcados por las burlas hacia quienes no dominan el deporte, plataformas como TikTok permitieron que muchas mujeres hicieran preguntas, compartieran sus descubrimientos y aprendieran acompañadas por otras aficionadas.

Así surgieron comunidades en las que no era necesario conocer la historia completa de un club, recordar cada campeonato o demostrar desde cuándo se seguía el futbol.

La emoción del momento fue suficiente para entrar.

Otra manera de ser aficionada

El crecimiento de esta nueva audiencia también puso en discusión algunas de las reglas no escritas del futbol, como la idea de que una persona debe elegir un equipo y apoyarlo incondicionalmente para ser considerada una aficionada legítima.

Para muchas mujeres, el interés no comienza necesariamente con los colores de un club. Puede surgir por el estilo de juego de una selección, la personalidad de un futbolista, una historia de superación o la experiencia colectiva de mirar un partido con otras personas.

Esta manera de relacionarse con el deporte cuestiona la figura del “villamelón”, término utilizado para descalificar a quienes cambian de equipo, llegan durante los torneos importantes o no cumplen con la imagen tradicional del seguidor fiel.

Las nuevas aficionadas no necesariamente buscan reproducir la forma en que los hombres han vivido históricamente el futbol. Están construyendo una experiencia propia, más abierta y menos preocupada por aprobar un examen de conocimientos.

Un espacio marcado por códigos masculinos

Durante décadas, las tribunas y las conversaciones futbolísticas han estado asociadas con expresiones de masculinidad basadas en la rivalidad, el enfrentamiento y, en algunos casos, la violencia.

La presencia de más mujeres no elimina automáticamente esas dinámicas, pero permite cuestionarlas y proponer otras formas de apoyar a un equipo, convivir en los estadios y experimentar la competencia.

Las barras feministas y las comunidades deportivas incluyentes son ejemplos de cómo la afición puede construirse sin recurrir a prácticas machistas, insultos sexistas o agresiones contra quienes apoyan al rival.

También han surgido proyectos enfocados en acercar el futbol a mujeres y personas de la diversidad sexual, sectores que durante años fueron tratados como invitados dentro de un deporte que también les pertenece.

Las mujeres ya estaban en el futbol

Aunque el Mundial amplificó su visibilidad, las mujeres no llegaron por primera vez a este deporte en 2026.

En 1971, el Estadio Azteca recibió la final de un Mundial Femenino no reconocido oficialmente por la FIFA, en el que México enfrentó a Dinamarca ante una multitud. Aquel torneo mostró que ya existían jugadoras y aficionadas dispuestas a ocupar los grandes escenarios.

Décadas más tarde, la creación de la Liga MX Femenil en 2016 abrió un nuevo espacio profesional y permitió que niñas y jóvenes crecieran viendo a mujeres competir regularmente en los principales estadios del país.

El Mundial representó un nuevo punto de entrada, pero también se apoyó en el camino construido por futbolistas, periodistas, entrenadoras y aficionadas que desafiaron durante años la idea de que este deporte era exclusivamente masculino.

¿La afición permanecerá después del Mundial?

El verdadero impacto del fenómeno se conocerá cuando termine la celebración y el futbol regrese a sus calendarios habituales.

Algunas nuevas seguidoras elegirán un club de la Liga MX, otras comenzarán a mirar torneos europeos o partidos femeniles, mientras que algunas solo regresarán durante las competencias internacionales.

Ninguna de esas formas de acercarse al deporte es menos válida.

El Mundial dejó una lección que va más allá de las canchas: no existe una antigüedad mínima ni una manera correcta de sentir pasión por el futbol. Quien llegó hace una década y quien comenzó a mirar partidos hace unas semanas pueden compartir el mismo espacio.

La llamada “era fifas” quizá empezó como una tendencia en redes sociales, pero para muchas mujeres podría convertirse en el inicio de una afición duradera.

Con información de El País.

También le puede gustar...